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Una vez hace unos cuántos años mi mamá me llama un día por teléfono y me suelta lo siguiente: 

-       Ayer estuve donde un astrólogo. Me leyó mi carta astral. Me dijo que tenías problemas en tu matrimonio. 

-       ¿Cómo? La miré con cara de sorpresa. ¿Qué “tengo” problemas o que “voy” a tener problemas?

-       No, me contestó. Que tienes problemas ahora.

-       Ese tipo está loco. Es bien malo como astrólogo ¿sabes?. Yo tengo “cero” problemas con mi esposo ahora mismo. Estamos muy bien gracias a Dios.

-       Bueno, no sé, él me dijo eso. Yo sólo quiero decirte que si te quieres divorciar divórciate, no te quedes con él porque estás cómoda y tienes una buena posición económica. Si no estás contenta hazlo, no te aguantes.

-       ¿Pero tu estás loca? Te estoy diciendo que NO tengo problemas en mi matrimonio, que estoy feliz en mi matrimonio y que hasta ahora jamás, oye bien, jamás, he pensado en divorciarme de mi esposo. ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué me divorcie? La interpelé. ¿Eso es lo que le dice una madre a su hija? Si ves a tu hija con problemas, que NO la has visto ni tienes el menor indicio de ello, deberías empezar por preguntarle qué le pasa y en todo caso ayudarla a que resuelva sus problemas con su esposo. Ese ES el papel de una madre, no salir corriendo a aconsejarle que termine su matrimonio cuando no está pasando absolutamente nada!!!!

-       Bueno, bueno, está bien, me contesta. Yo sólo te digo que si no quieres estar con él, déjalo.

-       ¿Pero vas a seguir con eso? Casi me la comía. ¿No entendistes que NO me pasa nada? ¿O le vas a creer más a un astrólogo que a tu propia hija? Ya yo estaba a punto de trancarle el teléfono. ¿Qué es lo que pasa, por Dios? ¿Es que “quieres” que me divorcie? Le grité.

-       Ay bueno, me dice, está bien, está bien no te pongas así. Yo sólo quería advertirte lo que él me dijo.

A este punto ya le había trancado el teléfono. Cuando le conté a mi marido las barbaridades que me dijo me contestó: Ella “quiere” que nos divorciemos, eso es lo que pasa. Pura envidia. Más ná.

 

Mi papá estaba fascinado con ella. La familia de él, no tanto. Decían que no era el tipo de muchacha para él. El estaba acostumbrado a salir con gente de su mismo medio social aunque todos iban juntos a la misma escuela. Esto no quiere decir que él era un potentado ni muchísimo menos pero la familia de mi mamá, como ya mencioné antes, no tenía el mismo nivel económico. Pienso sin embargo que la razón de más peso era el hecho de que mis abuelos – los padres de mi mamá – estaban divorciados. Valga aquí mencionar que en esa época esto no era lo usual. Uno no veía la cantidad de divorcios que se ven ahora. La gente era muchísimo más conservadora y si tenían desaveniencias entre ellos simplemente se aguantaban y vivían su vida como podían. Infelices pero juntos, a los ojos del mundo. La familia de mi mamá estaba pues “marcada” por este divorcio. La hacía a ella “distinta”, “diferente” y eso no era bueno. Como dicen por ahí: “Todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros.” Una gran verdad. 

Dicen que era preciosa. Esto tampoco se puede negar. Incluso ahora que tiene 77 años se ve que era una mujer muy atractiva. No en balde mi papá se enamoró perdidamente de ella. El problema es que mi abuela le hizo creer que ella era como una reina, princesa o algo así y como tal se merecía no menos que un príncipe. Era una familia con muy pocos medios económicos. En parte creo que esa fue una de las razones de la insistencia de mi abuela de que se case con alguien como mi papá. Aparentemente pensaba que así “iban a salir de abajo”.

Como dice el dicho: “el amor y el interés se fueron de paseo un día, más pudo el interés que el amor que te tenía”. 

En realidad mi mamá nunca quiso a mi papá. Esto es una verdad como una catedral. Es más, ella misma me lo ha dicho varias veces. Fue mi abuela la que la “obligó” prácticamente a casarse porque veía a mi papá como un buen partido. Parece ser, por lo que me contaron unos tíos, que antes de empezar a salir con mi papá ella salía con un muchacho bohemio que se ganaba la vida tocando guitarra. Al enterarse de esto, mi abuela le dió órdenes a mi tío – el hermano mayor de mi mamá, único hermano – a que hiciera todo lo posible para que mi mamá dejara a ese muchacho. Fue entonces que mi tío comenzó a acompañarla cuando iba a ver a su novio y no la dejaba sola ni un momento. Le presentó a su grupo de amistades y fue así que conoció a mi papá que para ese entonces era el mejor amigo de mi tío. 

Empezamos mal, ¿no les parece? 

En lo que sigue me propongo contar todo sobre mi madre. No escatimaré detalles por más crudos que estos sean. Mi objetivo es contarlo todo. Dejar constancia, si no en blanco y negro al menos virtualmente, de muchas de las historias con las que crecí y que relatan una infancia un poco triste para no dramatizar demasiado, llena de soledades, inestabilidad y temores, directamente relacionada con la falta de lo que se considera como la figura más importante en la vida de una persona. 

Pueden surgir aquí varias preguntas pertinentes: 

Primero y principal: ¿qué tiene de particular mi vida para que otros se tomen la molestia de “leerme”? ¿Para qué abarrotar la blogosfera con otra historia más de familias disfuncionales, parejas que se pelean entre ellos, relaciones espeluznantes entre padres-hijos-hermanos-cuñados-suegros(sobre todo suegras)-etc-etc.? Respuesta: no sé, y perdonen la insolencia: no es mi problema. Desde que se inventó esto de los blogs todos tenemos derecho a blogear acerca de lo que nos venga en gana. Usted, el de los lentes,  y usted, el de los ojos rojos de tanto ver la pantalla, también puede escribir sobre lo que desee. ¡Hágalo! Si todos los hacen sin ningún empacho ¿porqué no lo va a hacer usted?, ¿o yo? Si tiene algo que decir, ¡dígalo! ¡El internet es de todos!

Segundo: ¿que para qué lo hago? Por una parte a modo de legado para las futuras generaciones, es decir para mis hijos, para que puedan comprender porque le hablo a mi madre de la manera que lo hago, o porque me rehúso contestarle el teléfono, o porque siento un escalofrío, o más bien un vacío en el estómago (léase corazón, que para los efectos es exactamente lo mismo) cada vez que trata de justificar por enésima vez porque se fue de la casa y nos dejó.

Y por otra parte porque estoy en un momento crucial de mi vida y me interesa muchísimo la opinión de gente sensible y pensante como ustedes, imparcial y neutral, gente moderna de estos tiempos, que deambulando por el internet en las noches de insomnio tengan a bien pasearse por esta página y puedan ayudarme a tomar una decisión fundamental en estos momentos de mi vida: Estoy a punto de decirle a mi madre que no me llame más, que se olvide de que tiene una hija y que, en dos platos, no quiero verla más nunca en mi vida!

Pero, ya va, un momentico. Sé lo que están pensando. ¿Cómo se le puede decir eso a una madre? ¡Qué inmoralidad! ¡Esto es abominable! ¡Qué falta de respeto! ¿Y el dolor que le estoy causando a ella? Ya sé, me dirán que pase lo que pase madre hay solo una. Es verdad, madre sólo hay una y ¡jode como ninguna! 

Para evitar por tanto cometer el acto más repugnante, detestable, aborrecible e infame que una hija puede cometer contra su propia madre, y para actuar en aras de la racionalidad que nos define (¿?) como seres humanos, me propongo suministrarles los hechos, los “facts” para que ustedes opinen – con argumentos en mano -, si está justificada o no esta decisión.

De antemano se los agradeceré.