En lo que sigue me propongo contar todo sobre mi madre. No escatimaré detalles por más crudos que estos sean. Mi objetivo es contarlo todo. Dejar constancia, si no en blanco y negro al menos virtualmente, de muchas de las historias con las que crecí y que relatan una infancia un poco triste para no dramatizar demasiado, llena de soledades, inestabilidad y temores, directamente relacionada con la falta de lo que se considera como la figura más importante en la vida de una persona.
Pueden surgir aquí varias preguntas pertinentes:
Primero y principal: ¿qué tiene de particular mi vida para que otros se tomen la molestia de “leerme”? ¿Para qué abarrotar la blogosfera con otra historia más de familias disfuncionales, parejas que se pelean entre ellos, relaciones espeluznantes entre padres-hijos-hermanos-cuñados-suegros(sobre todo suegras)-etc-etc.? Respuesta: no sé, y perdonen la insolencia: no es mi problema. Desde que se inventó esto de los blogs todos tenemos derecho a blogear acerca de lo que nos venga en gana. Usted, el de los lentes, y usted, el de los ojos rojos de tanto ver la pantalla, también puede escribir sobre lo que desee. ¡Hágalo! Si todos los hacen sin ningún empacho ¿porqué no lo va a hacer usted?, ¿o yo? Si tiene algo que decir, ¡dígalo! ¡El internet es de todos!
Segundo: ¿que para qué lo hago? Por una parte a modo de legado para las futuras generaciones, es decir para mis hijos, para que puedan comprender porque le hablo a mi madre de la manera que lo hago, o porque me rehúso contestarle el teléfono, o porque siento un escalofrío, o más bien un vacío en el estómago (léase corazón, que para los efectos es exactamente lo mismo) cada vez que trata de justificar por enésima vez porque se fue de la casa y nos dejó.
Y por otra parte porque estoy en un momento crucial de mi vida y me interesa muchísimo la opinión de gente sensible y pensante como ustedes, imparcial y neutral, gente moderna de estos tiempos, que deambulando por el internet en las noches de insomnio tengan a bien pasearse por esta página y puedan ayudarme a tomar una decisión fundamental en estos momentos de mi vida: Estoy a punto de decirle a mi madre que no me llame más, que se olvide de que tiene una hija y que, en dos platos, no quiero verla más nunca en mi vida!
Pero, ya va, un momentico. Sé lo que están pensando. ¿Cómo se le puede decir eso a una madre? ¡Qué inmoralidad! ¡Esto es abominable! ¡Qué falta de respeto! ¿Y el dolor que le estoy causando a ella? Ya sé, me dirán que pase lo que pase madre hay solo una. Es verdad, madre sólo hay una y ¡jode como ninguna!
Para evitar por tanto cometer el acto más repugnante, detestable, aborrecible e infame que una hija puede cometer contra su propia madre, y para actuar en aras de la racionalidad que nos define (¿?) como seres humanos, me propongo suministrarles los hechos, los “facts” para que ustedes opinen – con argumentos en mano -, si está justificada o no esta decisión.
De antemano se los agradeceré.
estoy esperando con ansias tu historia
Son tantas cosas que tengo que tengo que ordenarlas primero en mi mente!
Gracias por compartir!
Cada historia personal es especial, quizás algo bueno puedas sacar de ella. Aunque mas no sea como no ser con tus hijos, cuando llegue el momento.
100% tienes razón. Para qué nos sirven las experiencias, buenas y malas, sino para aprender de ellas, y claro que he aprendido de ellas! Todos tenemos nuestros cuentos, ¿no es así?
Gracias Ana por tu comentario.